Sólo hay una cosa que podemos controlar

Hace un tiempo conocí una extraordinaria historia de dos hermanos.

Los chicos perdieron a su madre a causa de un cáncer al útero. Esto ocasionó que el padre cayera en una profunda depresión y recurriera al alcohol como su principal analgésico.

El desempeño laboral del padre decayó. Afectó tanto su productividad como sus relaciones con sus colegas. Se corría la voz en los pasillos de que estaban a punto de despedirlo si continuaba mostrando poco interés por mejorar.

En casa las cosas se agravaron. Desahogaba su furia golpeando a sus hijos. Nunca había comida en la refrigerador y por las noche salía a un bar por unos tragos. Era un desastre.

Los vecinos empezaron a mostrarse preocupados por el bienestar de los muchachos. Por lo que decidieron reportarlo con la policía para que intervinieran.

Al cabo de un tiempo, despidieron al padre de su empleo, lo internaron en un centro de rehabilitación por su problema con el alcohol y finalmente los hijos fueron enviados a una orfandad.

En este lugar, los niños tenían mejores recursos, como ropa, comida, estudio y más niños con historias similares.

Sin embargo, hubo un desenlace particular.

Pese a que los dos hermanos compartían una misma historia, estos tomaron caminos diferentes.

Para la siguiente década, ambos tenían aproximadamente 22 años. No guardaban comunicación entre ambos, de manera que desconocían la vida del otro.

El menor de ellos trabajaba como analista de datos en un banco, alquilaba un departamento con suficiente espacio, se movilizaba en su propia moto, manejaba sus finanzas correctamente, gozaba de buenas relaciones y de una extraordinaria salud.

El hermano mayor tenían problemas con el alcohol, acababa de ser despedido, estaba ahorcado por las deudas, apenas comía bien, no hacía ejercicio y su tiempo lo malgastaba en videojuegos.

Eran totalmente opuestos.

Algunas semanas después ambos fueron entrevistados, de manera independiente, por un especialista del cuerpo de la policía. Esta rutina anual formaba parte de la investigación que se había realizado años atrás al padre de los jóvenes. El objetivo era supervisar el desarrollo de los hijos que habían sido enviados a la orfandad.

Durante la entrevista se les hicieron varias preguntas, pero hubo una en particular que les llamó la atención.

“¿Sientes que tu padre tuvo algún efecto en tu estándar de vida actual?”

Los dos hermanos dieron la misma respuesta sin conocer la del otro (ya que fueron citados en fechas distintas).

“Por supuesto que sí. Sabiendo la clase de padre que era, ¿qué opción yo tenía?”


Conclusiones

No posees control sobre los eventos que te depara la vida, tampoco puedes saber qué sucederá mañana, mucho menos puedes decidir sobre las acciones de otros.

No puedes controlar nada de eso.

El único control que tienes es sobre lo que TÚ puedes hacer ante lo que te sucede.

No interesa qué males has vivido, qué cosas has pasado, ni cuántas experiencias desagradables has tenido, cuántas veces te han traicionado, cuánto dinero has perdido, con qué clase de familia has crecido, qué limitaciones has tenido.

Esas cosas externas son afectan, claro que sí. Sin embargo, nosotros podemos decidir cómo interpretar todo aquello que nos ocurre y qué hacer a partir de ello.

Podemos decidir rendirnos o seguir luchando.

Podemos elegir entrar en depresión o llorar un momento para luego secarnos las lágrimas y continuar con nuestro propósito.

Podemos aceptar la derrota y abandonar nuestros sueños o tomar un rumbo diferente para llegar a lo que anhelamos.

Podemos sentirnos desdichados o afortunados.

Podemos mantener el ego y creer que podemos solos o levantar la mano para pedir ayuda.

Si tomamos consciencia de que tenemos el control por encima de lo que nos sucede, nos volvemos personas proactivos.

“La vida es una lucha constante para mantener alejada a la muerte.”

Ser personas reactivas, que se quejan por lo que les sucede, buscar a quien culpar, que critican continuamente, son aquellos cuya voluntad está muerta.

Si te comprometes a ser una persona reactiva no sólo te convertirás en un contribuidor para ti mismo, sino también un contribuidor para tus seres queridos y los que te escuchan. Eso es lo que realmente quieres.

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