NUNCA dejaré de cultivar este hábito

adulto, agua, azul El hábito de cultivar la esperanza en mí es lo que cambió mi vida.

Recuerdo la vez en que mi padre no podía pagar mi universidad. Estudié 1 año en una privada, fue una experiencia agradable, pero lo lamentable fue esa noticia que me dieron.

Me sentí muy triste, porque sentí que las puertas se me cerraron en la cara. Sentí impotencia por no poder pagarlo yo mismo. Tenía 18 años y sinceramente no sentía que no podía encontrar trabajo sin algo que ofrecer (pensé que no tenía nada por dar).

“¿Ahora qué hago?”, dije. Creo que lo que más sentía era enojo. En mi familia teníamos problemas de dinero. No alcanzaba el dinero, nos privábamos de cosas para ahorrar. Esa situación me desanimada.

No quise ceder. Nunca he sido de quedarme de brazos cruzados. Fui al espejo del baño y me miré fijamente a los ojos. Podía ver la ilusión de desarrollarme como profesional, realmente lo quise.

“La esperanza será lo último que pierda”, me dije.

Hice una llamada. Hablé con un tío muy cercano. Le pedí ayuda, le conté la situación. Quedamos en encontrarnos al día siguiente.

Al llegar al punto y hora acordada, le expliqué nuevamente mi caso. No me dejó terminar de contarle y ya me estaba ofreciendo su apoyo total.

Después de unos 2 años, pude graduarme en un instituto tecnológico. Siempre estaré agradecido con él. Muy contento por todo el apoyo brindado.

Hoy que reflexiono al respecto. Me doy cuenta que nada hubiese pasado si yo perdía la esperanza en mí.

Todo nació gracias a la esperanza. Y será con lo último que quede al morir.

#reflexion